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Colaboradores del nazismo: IG Farben


IG Farben, cuyo nombre completo es Interessengemeinschaft Farbenindustrie AG, fue un conglomerado químico alemán fundado en 1925 como resultado de la fusión de seis compañías químicas líderes en Alemania: BASF, Bayer, Hoechst, Agfa, Chemische Fabrik Griesheim-Elektron y Chemische Fabrik vorm Weiler Ter Meer.

La fusión creó una de las mayores empresas del mundo en ese momento y un líder en la industria química y farmacéutica.

IG Farben colaboró estrechamente con el régimen nazi, proporcionando productos químicos y materiales esenciales para la maquinaria de guerra alemana. La empresa también se benefició enormemente de la política de expansión y rearmamento de Adolf Hitler.

Cuando el «Führer» llegó al poder los grandes dirigentes de la IG Farben le aseguraron que habían solucionado el problema de la falta de petróleo: la fabricación de gasolina artificial. Gracias a los ingenieros y técnicos de la IG Farben, Hitler pudo empezar su guerra por el «espacio vital» en Europa. Los estrategas del trust tenían pensando hacerse con los mercados siguiendo a la victoriosa «Wehrmacht». Facilitaron informaciones sensibles al Comando Supremo y colocaron a agentes en sus sucursales.

Pero no solo eso. En los campos de concentración se aprovecharon del «material humano». Estos son algunos de los horrores cometidos por esta corporación:

IG Farben estableció una fábrica cerca del campo de concentración de Auschwitz, conocida como Buna Werke o Auschwitz III-Monowitz, para producir caucho sintético y combustible líquido a partir del carbón. La ubicación fue elegida debido a la disponibilidad de mano de obra esclava, recursos naturales y la proximidad a las vías del tren. La fábrica estaba directamente involucrada en la explotación de prisioneros de Auschwitz, quienes eran forzados a trabajar en condiciones inhumanas. Se estima que aproximadamente 30,000 prisioneros trabajaron en Buna Werke como mano de obra esclava. Los prisioneros, en su mayoría judíos, eran sometidos a largas horas de trabajo, malnutrición y condiciones insalubres. Muchos murieron debido al agotamiento, enfermedades o maltrato por parte de los guardias nazis.

Para mantener un flujo constante de mano de obra esclava, IG Farben estableció acuerdos con las SS. Los prisioneros considerados «no aptos para trabajar» eran enviados a las cámaras de gas en Auschwitz II-Birkenau. Además, las SS proporcionaban mano de obra adicional al seleccionar a prisioneros de otros campos de concentración y al realizar redadas en los guetos. Experimentos médicos: IG Farben también estuvo involucrado en experimentos médicos realizados en prisioneros en campos de concentración. La empresa suministraba productos químicos y farmacéuticos a los médicos nazis que llevaban a cabo experimentos inhumanos y mortales en prisioneros, en busca de nuevos medicamentos y tratamientos. Producción de Zyklon B: IG Farben fue responsable de la producción de Zyklon B, el gas venenoso utilizado en las cámaras de gas para llevar a cabo el exterminio masivo de judíos y otros prisioneros en campos de concentración. Aunque Zyklon B fue producido principalmente por la subsidiaria de IG Farben, Degesch, la empresa matriz estaba al tanto y apoyaba su uso con fines genocidas.

Ante este fondo no extraña que la cúpula de la IG Farben se sentara en el banco de los acusados en uno de los procesos posteriores al de Nuremberg. Pero casi todos salieron absueltos o no tuvieron que cumplir la pena impuesta.

Después de la Segunda Guerra Mundial, IG Farben fue desmantelada y sus activos se dividieron entre las potencias aliadas. En 1951, la compañía fue liquidada y sus subsidiarias restantes se separaron en empresas independientes. Varias de estas empresas continúan operando hoy en día y son conocidas por sus propios nombres:

BASF: Antes de la creación de IG Farben, BASF ya era una empresa química importante en Alemania. Después de la desintegración de IG Farben, BASF resurgió como una empresa independiente y actualmente es una de las compañías químicas más grandes del mundo, con una amplia gama de productos que incluyen productos químicos, materiales, productos agrícolas y otros. Bayer: Al igual que BASF, Bayer era una empresa química y farmacéutica exitosa antes de unirse a IG Farben. Después de la guerra, Bayer se separó y recuperó su nombre original. Hoy, Bayer es una empresa multinacional con operaciones en sectores como productos farmacéuticos, cuidado de la salud del consumidor y ciencias agrícolas.

Hoechst: Hoechst fue otra empresa química que se convirtió en parte de IG Farben. Después de la desintegración, Hoechst resurgió como una empresa independiente. En 1999, se fusionó con la empresa francesa Rhône-Poulenc para formar Aventis, que luego se fusionó con Sanofi-Synthélabo en 2004 para crear Sanofi, una de las principales compañías farmacéuticas del mundo.

Agfa: Agfa, originalmente una empresa de productos fotográficos y cinematográficos, también fue parte de IG Farben. Después de la desmantelación, Agfa continuó como una empresa independiente y se centró en la producción de productos fotográficos y de imagen. En la actualidad, Agfa es una empresa multinacional que produce una variedad de productos, incluidos sistemas de imagen médica y soluciones de impresión.

Un tema oscuro siguen siendo las relaciones de la IG con empresas estadounidenses, las cuales no cesaron durante la guerra.

Otro misterio está vinculado al archivo de la empresa que desapareció en 1945 sin dejar huella alguna. En 1988 el servicio secreto de la RDA inició una operación para encontrar un «bunker» con el archivo. En vano. Hasta hoy en día no se sabe cuántas y qué firmas pertenecieron al entramado internacional de la IG. Aunque la IG Farben fue desmantelada, no dejó de existir. En la bolsa se pudo comprar y vender sus acciones hasta hace no mucho. La empresa poseía innumerables inmuebles en la RDA y en otros lugares del continente. En un momento u otro la IG Farben podría haber resurgido como el fénix, esto pensaban algunos aventureros financieros y se vieron afirmados tras la Caída del Muro y la anexión de la RDA a la Alemania occidental. Estas expectativas recibieron un fuerte revés, cuando a mediados de los 90 estalló de lleno el debate sobre la indemnización de los trabajadores forzados y esclavos. Finalmente lo que quedaba de la empresa se declaró en banca rota.

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