Frank Olson, el científico que saltó desde la ventana de un hotel

Actualizado: 10 oct 2021

Según el informe, Frank Olson saltó una madrugada de 1953 desde la ventana de la habitación 1018A, en el decimotercer piso del Statler Hotel, en pleno Manhattan. No sobrevivió. Su compañero, Robert Lashbrook, dijo despertarse poco después de que se lanzara, sin poder hacer nada. Si retrocedemos apenas unas semanas antes, Olson junto a varios de sus compañeros, fueron objeto de un extraño experimento. No en el sentido técnico, probablemente, pero un experimento al fin y al cabo. En pleno apogeo del programa secreto, el equipo científico del MK Ultra fue invitado a un retiro de trabajo en una cabaña junto a un lago. Allí, en la segunda noche, fueron drogados con LSD sin que lo supieran. Por desgracia, no ha trascendido la intención del acto (aunque el Gobierno de Estados Unidos admitió en 1970 el suceso), pero lo que queda claro es que supuso un antes y un después en la vida de Olson. Desde ese momento comenzó a plantearse seriamente dejar el proyecto y la CIA. Olson era un bioquímico reputado, militar y con muchas décadas de servicio en los servicios militares de investigación, especialmente en la guerra biológica. Su especialidad eran los aerosoles y armas aéreas. Según la investigación realizada por su familia, décadas después de su muerte, y con la ayuda de detectives y documentalistas, Olson había presenciado todo tipo de cosas en la CIA, especialmente en sus viajes a Europa. Por ejemplo, Olson contó en sus notas privadas como vio a un soldado voluntario morir echando espumarajos por la boca y convulsionando tras haberle administrado gas sarín. Los informes leídos tras su muerte muestran que el investigador había mostrado su incomodidad ante este tipo de experimentos en varias ocasiones. Sus viajes a los centros secretos de detención en Alemania y otras partes de Europa eran relativamente frecuentes y allí, según afirma su familia, quién ha tenido acceso a documentos personales de Olson, pudo ver escenas similares a la del soldado en muchas ocasiones. Gran parte de los documentos recopilados están ahora disponibles para su revisión en un proyecto fundado por la propia familia. Sin embargo, fue a partir del momento en el que su superior le administró LSD que Olson pareció querer retirarse de la acción de forma definitiva. En 1953 solicitó su destitución como jefe de operaciones. Sin embargo, sus superiores «le obligaron a rebajar la presión psicológica que sufría» con la ayuda de un psiquiatra, el Dr. Harold Abramson, íntimamente ligado al proyecto. En las últimas conversaciones con el Dr. Abramson aconsejó el internamiento de Olson en un psiquiátrico de forma inmediata. Frank Olson aceptó, al parecer, de buena gana, por lo que fue trasladado a un hotel, junto Robert Lashbrook, quien lo acompañaba durante el proceso de tratamiento. Poco después, Olson y Lashbrook se encontraban en el Statler alojados, esperando a la hospitalización del primero. Esa misma noche, Frank saltó. El salto de Olson tuvo mucho más impacto del esperado. En primer lugar, propició una sanción al proyecto MK Ultra que lo ralentizó profundamente. Aun así, la iniciativa continuó operando hasta 1964, momento en el que probablemente la falta de resultados y las condiciones más transparentes de la administración pública americana comenzaron a hacer mella y MK Ultra comenzó su desmantelamiento paulatino. MK Ultra fue clausurado, y la gran mayoría de sus documentos destruidos, en 1973, tras la decisión de Helms, que se temía una inspección interna por parte del Gobierno. Lo que le ocurrió a Olson, casi 20 años antes, fue parte de un efecto dominó cuyo eco comenzó lento y continuó aumentando hasta la década de los 70. Efectivamente, por entonces, algunos periodistas habían comenzado a desenterrar historias sobre la iniciativa, lo que había puesto sobre aviso a Richard Helms (dir CIA). En 1975, un chivatazo de NYT provocó la formación de las conocidas como Comisión Church y Comisión Rockefeller. Estas se dedicaron a diseccionar las actividades de la CIA en busca de irregularidades. Las investigaciones demostraron que la Agencia de Inteligencia Americana, junto al Departamento de Defensa, había llevado a cabo experimentos ilegales y que implicaban a seres humanos. A pesar de los esfuerzos de las comisiones encargadas, la destrucción de la gran mayoría de papeles durante los años anteriores supuso un problema enorme. De todos los subproyectos, acuerdos y operaciones no quedan más que los testimonios de algunos de los afectados recogidos por la comisión. Según estos, eran drogados sin saberlo y sometidos a diversos tipos de interrogatorios y pruebas. ¿Y dónde están todos esos sujetos de pruebas supuestamente muertos? ¿Qué relación hay con sucesos como el de Francia? ¿Qué sabía Olson? Todo ha quedado en un profundo y oscuro secreto. La familia de Olson comenzó una investigación por su cuenta una vez que empezaron a salir las «irregularidades» del caso. Investigadores como Jon Ronson, que siguió este y otros casos de índole militar, afirman que el forense encontró pruebas de golpes en el cráneo diferentes a los de la caída. Golpes que podrían haber dejado a Olson inconsciente antes de ser arrojado por la ventana. No obstante, oficialmente nunca se aceptó tal hecho, aunque se indemnizó a la familia por una cuantiosa suma con la excusa de que su marido había sido drogado (sin su consentimiento) en el retiro al que fue invitado por su superior. A estas alturas, la muerte de Olson, protagonista involuntario de la historia, queda en la niebla tanto como muchos de los objetivos del proyecto MK Ultra. Todo lo que nos quedan son numerosos restos de informes (que están disponibles) y un laborioso trabajo de investigación realizado por periodistas, investigadores particulares y la propia familia. Según estos informes existían, al menos, 149 subproyectos en los que participaron varias universidades, fundaciones dedicadas a la investigación e instituciones similares. Al menos 80 instituciones y 185 investigadores privados fueron parte de MK Ultra, aunque muchas de ellas no sabían, ni sabrán jamás, para qué o quién lo hacían y qué consecuencias tendrían sus actos. Debido a la destrucción de la mayoría de los documentos sobre el proyecto, no se sabe con exactitud la magnitud de las consecuencias que tuvo. El número de muertes, o afectados de por vida, tal vez no se sepan nunca; no obstante, varios de los afectados hicieron denuncias…





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