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La División del placer nazi



En todas las guerras de la historia, las violaciones y otras variantes de la violencia sexual han sido una constante y parte del botín de guerra de los vencedores y hasta hace unas pocas décadas, esta realidad pasaba inadvertida en los estudios históricos. Durante el nazismo fueron incontables los horrores cometidos hacia los más vulnerables. Hoy les vamos a contar sobre algunos de los abusos sufridos por las mujeres durante este período histórico. Hablemos de la Joy división, otra perversión nazi…

El origen del nombre de la banda de punk británica de los años setenta Joy Division, está inspirado en la traducción inglesa de Freudenabteilung, literalmente divisiones o centros de alegría/gozo, que aparecen en la novela ‘Casa de muñecas’ de Yehiel De-Nur, una novela semiautobiográfica de 250 páginas publicada en 1956. Es una de las primeras novelas que narra la vida cotidiana en un gueto judío en una ciudad en la frontera entre Alemania y Polonia y en un campo de concentración nazi. Cuenta, en particular, los horrores de la Shoah (Holocausto), a través de la historia de un hermano y una hermana, Harry y Daniella Preleshnik. Lenta y descriptiva en su primera parte, pero sin gran riqueza de detalles, la historia se torna brutal en la segunda parte con la historia de Daniella, de catorce años al comienzo de la historia, que acaba yendo a trabajar a la «Casa de Las muñecas “un lío de prostitución forzada , ubicadas dentro del campamento. Se describen las atrocidades sufridas por niñas y mujeres judías reclutadas por oficiales nazis en los campos para ser violadas.

Se tiene constancia de que entre 300 y 400 mujeres fueron obligadas a prostituirse en diez campos de concentración Auschwitz, Dachau, Buchenwald y Sachsenhausen, aunque el número real debe ser muy superior. Este modelo fue una idea surgida del propio líder de las SS, Heinrich Himmler, que conformó un “sistema de incentivos” para aumentar la productividad entre los reclusos de estos centros. De esta forma, los presos optaban a conseguir una de estas “bonificaciones” con estas esclavas sexuales. Tema tabú durante muchas décadas «Casi ningún otro tema de la historia de los campos de concentración ha sido, por un lado, tan callado y reprimido y, por otro lado, tan teñido de prejuicios y distorsiones como la prostitución forzada de las reclusas de los campos por hombres. prisioneros de los campos por las SS», comentó en 2007 en una entrevista a ‘Der Spiegel’ Insa Eschebach, directora del Museo Memorial de Ravensbrück con motivo de la inauguración de una exposición sobre el tema en Alemania. El historiador Robert Sommer también publicó en 2009 una investigación ‘Das KZ-Bordell’ sobre los burdeles de los campos de concentración. La mayoría de estas mujeres eran alemanas y habían sido detenidas por ejercer la prostitución o por estar relacionadas con los conocidos como “enemigos del Reich” una amalgama que incluía desde los judíos a los disidentes políticos. El cinismo del régimen llegaba al punto de mostrarse contrario a la prostitución y detener a las mujeres que la practicaban al mismo tiempo que esclavizaba sexualmente a estas mujeres en los campos de concentración. Además de la propia explotación sexual a la que fueron sometidas, estas mujeres también sufrieron abortos y como era muy frecuente en este tipo de víctimas, la mayoría de las afectadas decidieron no denunciar su situación y renunciar a la compensación estatal de la Alemania de postguerra. Las inmensas instalaciones de los campos nazis representaron la mayor red de centros de exterminio ideados por el hombre, pero también una boyante industria de mano de obra esclava de la que se aprovechó el régimen y empresas privadas. En el sistema de incentivos que supuso la prostitución quedaron excluidos los judíos. Tanto las prostitutas forzadas como los beneficiarios de esta explotación eran personas no judías. La ideología racial alemana, convertida en ley a través de las Leyes de Núremerg de 1935, prohibía las relaciones entre los “arios” y los “ judíos”, pero en la práctica, los guardianes de los campo de concentración y exterminio también utilizaban su tiránica posición para satisfacer sus necesidades sexuales con las que consideraban seres infrahumanos. Hay multitud de testimonios de que tanto las judías como las presas políticas fueron sometidas a continuas violaciones y abusos sexuales por parte de los guardias, que cínicamente consideraban en muchos casos a sus víctimas como sus “amantes”. Una reciente investigación de la historiadora y escritora Lucy Adlington sobre el campo de Auschwitz muestra varios testimonios de guardias, incluido el propio comandante Rudolf Höss, tenían “amantes” entre algunas de sus presas.

No solo los nazis emplearon la explotación masiva de mujeres, también fueron muy conocidas las “mujeres de consuelo”, eufemismo con el que se conocen a las miles de mujeres asiáticas que fueron explotadas por el Imperio Japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Mención aparte merecen las miles de violaciones perpetradas por todos los bandos en sus avances durante la contienda. A pesar de que esta tipología de violencia suele ser muy difícil de trazar y cuantificar, posiblemente, el Berlín de la primavera y verano de 1945 fue el momento y lugar en el que se produjeron un mayor número de violaciones. La conquista de la ciudad por parte de las tropas soviéticas, las ebrias celebraciones por el final de la guerra y el espíritu de venganza de los soldados de la URSS desembocaron en un desenfreno de violaciones masivas a niñas y mujeres de todas las edades. Vamos a contarles con más detalle sobre este horror histórico

En 1942, las SS abrieron un burdel, bajo la dirección de Heinrich Himmler, en el campo de concentración de Mauthausen. Sería el primero de otros nueve burdeles en trasladar a mujeres internas en los campos de Ravensbrück y Auschwitz para ser usadas como esclavas sexuales.

No se trataba de un servicio pensado para los funcionarios nazis, sino para los prisioneros, bajo la idea de que mejoraría su productividad. Himmler llegó a sugerir como posible terapia que se forzara a los prisioneros de triángulo rosa, es decir, a los homosexuales, a visitar estos burdeles para curar así su “desviación”. Las mujeres que fueron forzadas a prostituirse habían sido detenidas en su mayoría por lo que los nazis definían como “conducta anti-social”, que abarcaba desde la prostitución hasta la simple amistad con judíos.

La clientela de estas mujeres estaba estrictamente restringida: los judíos y los soldados comunistas tenían vetado el acceso a los burdeles, que terminaron siendo usados por una selecta minoría de los prisioneros, aquellos que tenían la condición física para poder trabajar duro y pagar el servicio, o los prisioneros que trabajaban como Kapos (supervisores del campo), principalmente criminales o presos políticos.

A ellos se les prometía que si trabajaban duro podrían tener sexo con mujeres. A ellas se les prometía más comida, habitaciones más higiénicas y una reducción de su pena, pero a medida que las promesas se fueron probando falsas, simplemente eran seleccionadas y forzadas a hacerlo. Estas violaciones reguladas y administradas por los nazis tenían lugar siempre entre un hombre y una mujer de la misma raza, mientras las SS observaban atentamente el acto sexual a través de pequeños agujeros en la pared.

Tras la guerra, la mayoría de las mujeres ocultó su experiencia. Ninguna de las víctimas recibió reconocimiento por parte del estado alemán como víctimas de esclavitud sexual ni fueron compensadas por su sufrimiento. Durante décadas, las investigaciones sobre la época guardaron silencio y el tema no fue ampliamente tratado hasta los años 90, cuando varias investigadoras acometieron la tarea.

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