La Masacre de las bananeras

La masacre de las bananeras fue una masacre de los trabajadores de la empresa est

adounidense de banano United Fruit Company a manos del ejército de Colombia, que se produjo entre el 5 y el 6 de diciembre de 1928 en el municipio de Ciénaga, Magdalena. Un número indefinido de trabajadores murieron después de que el gobierno del conservador Miguel Abadía Méndez decidió poner fin a una huelga de un mes organizada por el sindicato de los trabajadores que buscaban garantizar mejores condiciones de trabajo. El 6 de diciembre de 1928 Colombia amaneció teñida de sangre. La huelga llevaba casi un mes y el ejército intervino en defensa de los intereses de la United Fruit Company. La matanza dejó un número de muertos impreciso, que la historia oficial se ocupó de minimizar.

Antecedentes

El 28 de noviembre de ese año había estallado la huelga más grande de la historia colombiana. Más de 25 000 trabajadores de las plantaciones se negaron a cortar los bananos producidos por la United Fruit Company y por productores nacionales bajo contrato con la compañía.

A pesar de tal presión, la United Fruit Company y los huelguistas no lograron llegar a un acuerdo, y el ejército intervino, acribillando a varios obreros e hiriendo a otros más, quienes estaban protestando pacíficamente. Autores como Gabriel García Márquez, en su obra Cien años de soledad; Álvaro Cepeda Samudio, en su novela La casa grande; y el dramaturgo Carlos José Reyes, han retratado el evento, logrando que los sucesos se preserven en la cultura colombiana. García Márquez y las bananeras en «Cien años de soledad» ¿Fueron tres mil, o una cantidad cercana a ese número, los obreros asesinados por el Ejército en la represión de la huelga de las bananeras, en el municipio de la Ciénaga, cerca de Santa Marta? “Las bananeras es tal vez el recuerdo más antiguo que tengo”, cuenta Gabo. “Fue una leyenda, llegó a ser tan legendario que cuando yo escribí Cien años de soledad pedí que me hicieran investigaciones de cómo fue todo y con el verdadero número de muertos, porque se hablaba de una masacre, de una masacre apocalíptica. No quedó muy claro nada pero el número de muertos debió ser bastante reducido. Lo que pasa es que 3 ó 5 muertos en las circunstancias de ese país, en ese momento debió ser realmente una gran catástrofe y para mí fue un problema porque cuando me encontré que no era realmente una matanza espectacular en un libro donde todo era tan descomunal como en Cien años de soledad, donde quería llenar un ferrocarril completo de muertos, no podía ajustarme a la realidad histórica. Decir que todo aquello sucedió para 3 ó 7 muertos, o 17 muertos… no alcanzaba a llenar ni un vagón. Entonces decidí que fueran 3.000 muertos, porque era más o menos lo que entraba dentro de las proporciones del libro que estaba escribiendo. Es decir, la leyenda llegó a quedar ya establecida como historia”. De esa forma explica García Márquez la dimensión del relato, en una entrevista para la televisión británica en 1990. Entonces, ¿qué cifras se dieron de la masacre? En su trabajo Cien años de soledad y la masacre de Aracataca, la doctora en letras Silvia Beatriz Adoue y las licenciadas Karen García Delamuta y Priscila Engel se refieren a las estimaciones oficiales: “La masacre ocurrió entre la una y media y las dos de la madrugada. El cálculo de los cadáveres ocurrió sólo a las seis de la mañana. Se supone que entre las dos y las seis hubo procedimientos para hacer desaparecer la gran mayoría de los cuerpos, reduciendo el número oficial a 9, que coincidía con el número de reivindicaciones levantadas por el movimiento, y 3 heridos. Existen documentos gráficos de la fosa común en que fueron enterrados esos 9. El historiador Herrera Soto instala la controversia, sin embargo, diciendo, en su libro La zona bananera del Magdalena, que el cálculo completó el número de 13 muertos y 19 heridos”. A esas cifras parece referirse García Márquez en la entrevista mencionada. Otras fuentes, más imprecisas, incrementan la cantidad de muertes: “El diario La prensa de Barranquilla habló de 100 muertos. El general conservador Pompillio Gutiérrez, cinco meses después de la masacre, dio entrevista al diario El Espectador afirmando que tenía pruebas irrefutables de que los muertos eran más de 1.000 y que el gobierno lo ocultaba. Carlos Arango, en su libro Sobreviviente de las bananeras, habla de centenas de muertos y cita testimonios como los de Carlos Leal y Víctor Gómez Bovea, chofer de uno de los vehículos que llevaron los cadáveres hasta las lanchas para echarlos al mar antes de las 6 de la mañana. El propio cónsul de Estados Unidos, en un informe ahora público, afirmó que los muertos pasaban de 1.000”, agregan Adoue, García Delamuta y Engel en el trabajo antes mencionado.

Sin embargo, la cifra más ampliamente difundida habla de 3.000 muertos. Es la que Gabriel García Márquez estableció en Cien años de soledad.

¿Qué pedían los obreros y por qué fueron a huelga?

El 6 de octubre de 1928 una asamblea de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena, en Ciénaga, aprobó unánimemente el pliego. Solicitaron a la United Fruit Company y a los productores nacionales:

Seguro colectivo obligatorio

Reparación por accidentes de trabajo

Habitaciones higiénicas y descanso dominical

Aumento en 50 % de los jornales de los empleados que ganaban menos de 100 pesos mensuales

Supresión de los comisariatos

Cesación de préstamos por medio de vales

Pago semanal

Abolición del sistema de contratista

Mejor servicio hospitalario.


No obstante los deseos de insurrección liberal o la utopía revolucionaria que hubiera podido motivar a algunas personas, éste no es de manera alguna un documento revolucionario. Fundamentalmente la Unión de Sindical de Trabajadores del Magdalena solicitaba a la United Fruit Company que reconociera a sus empleados; aunque la compañía negara su existencia, estos trabajadores le producían su riqueza. Ellos exigían su reconocimiento y para ello insistieron que la United Fruit Company aboliera el sistema de contratos indirectos y les concediera los derechos que les garantiza la ley colombiana. Los trabajadores también solicitaron a la compañía que negocia con ellos, tal como ocurría en las naciones modernas.

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