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Las manías más curiosas de los escritores

En el mundo de las letras, son muchas las anécdotas y excentricidades de sus prot

agonistas. Hoy les contamos las extrañas manías de algunos de los escritores más importantes de todos los tiempos.


Agatha Christie


Según los biógrafos, Ágatha Christie tenía varias manías, como la de contar los objetos a su alrededor, balanceando los objetos de un lado para otro y comprobando si estaban alineados. También era adicta al juego de palabras cruzadas, y solía escribir sobre sus libros y obras de teatro mientras viajaba en trenes. Además, solía tener problemas con la memoria a corto plazo y le resultaba difícil recordar los nombres de la gente.


Charles Dickens


Para empezar, Dickens no podía escribir a no ser que su lugar de trabajo estuviera en total silencio. A esto le seguía una minuciosa organización del espacio: siempre debían acompañarle un jarrón de flores frescas, dos estatuas de bronce, una bandeja con un conejo sobre ella junto a un abrecartas, su pluma (obvio) y un tarro de tinta del que abastecerse. También tenía una manía con el estilismo del cabello. Era incapaz de concentrarse estando despeinado o con aspecto desarreglado, por lo que siempre debía estar en perfectas condiciones antes de sentarse a traducir la inspiración a palabras. La obsesión llegó a ser tal que se le llegó a diagnosticar trastorno obsesivo-compulsivo con el orden.


Edgar Allan Poe


Uno de los maestros del relato corto y especialmente de los cuentos del terror, tenía una manía especial que sacaba de quicio concretamente a sus editores. Y es que tenía la costumbre de escribir sus obras en tiras continuas de papel. Las encadenaba mediante lacre, de forma que formaba rollos interminables y muy incómodos de desplegar a la hora de leerlos.


Dan Brown


Dan Brown sufre constantes migrañas. Por este motivo, antes de ponerse manos a la obra agacha la cabeza hasta prácticamente los tobillos para intentar paliar los dolores. De igual modo, cuando decide crear, cuenta las horas con un reloj de arena.


Honore de Balzac


Corren diferentes rumores sobre las obsesiones del creador de “La comedia humana”. El primero de ellos, y menos probable, es el referido a la bebida. Se dice que bebía más de 50 tazas de café al día. El segundo, y mucho más creíble era su fijación por el aislamiento, necesitaba estar en una habitación sin relojes ni ventanas para no saber si era de día o de noche.


Alejandro Dumas


La indumentaria a la hora de escribir era muy importante para Dumas. Siempre debía ir vestido de la misma manera, con una sotana roja y sandalias.

Además, diferenciaba sus obras según el color de las páginas. Para la ficción, azules, para la poesía, el amarillo y para los artículos, el rosa.


Víctor Hugo


Los criados custodiaban la ropa de Victor Hugo con órdenes de no devolvérsela hasta que este lo pidiera. Y si, el escritor, al igual que Dumas, era un maniático de la vestimenta… escribía totalmente desnudo a excepción de un chal gris.


Virginia Woolf


Las manías de Virginia Woolf tampoco se quedaban atrás respecto a sus compañeros de profesión. Antes de nada, se marcaba 2,5 horas al día como meta para escribir sus manuscritos. Y esto lo hacía de pie, escribiendo cual pintor en un lienzo.


Haruki Murakami


Uno de los autores más influyentes de la última década crea una rutina a la altura de la de Stephen King. El japonés se levanta todos los días a las cuatro de la mañana para trabajar hasta las diez. Por la tarde corre 10 kilómetros, o como alternativa, nada 1500 metros, para así poder evadirse de la escritura.

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