Lugares peligrosos: El Tapón de Darién



Cada vez son más aquellos que recorren peligrosos caminos por las junglas del Tapón del Darién en busca de seguridad y estabilidad. Durante el último año, más de 133.000 personas, la mayoría haitianos, cubanos y venezolanos, seguidos por ciudadanos de países tan lejanos como Bangladesh, Ghana, Uzbekistán y Senegal, han cruzado esta región. ¿Cuáles son los riesgos que corren? ¿Es cierto el tapón de Darien uno de los lugares más peligrosos del mundo? Y si es así ¿por qué son tantos los que se lanzan a esta aventura? Vamos a hablarles un poco acerca de este lugar, estas son algunas claves para entender qué es este lugar, su historia, riesgos y situación actual.

¿Qué es el Darién?

La región del Darién es un área selvática y pantanosa ubicada en el límite de América Central (Panamá) y América del Sur (Colombia), que ha funcionado como una barrera natural a la comunicación por carretera entre ambos subcontinentes.

Por no estar abiertas en la actualidad vías terrestres de transporte que atraviesen la zona (principalmente por ser la parte donde se interrumpe la carretera Panamericana, que conecta la mayor parte de los países del continente americano), se la ha denominado el Tapón del Darién. Probablemente fue National Geographic durante sus expediciones entre los años de 1950 y 1970 la que hizo célebre el nombre del “Tapón del Darién”. Dadas estas circunstancias, la zona ha sido históricamente un punto álgido para los países que buscan expandir sus mercados con transporte por carretera.

La carretera Panamericana y la accidentada historia del Tapón de Darién

Extendiéndose desde Alaska hasta la punta sur de Argentina, la carretera Panamericana ostenta el récord como la ruta transitable más larga del mundo, gracias a sus 48.000 km de longitud. Sin embargo, hay una barrera –un bosque tropical silvestre– que ha resultado infranqueable para los viajeros durante siglos.

Los exploradores siempre se han sentido atraídos al Tapón del Darién, pero en la mayoría de los casos los resultados han sido desastrosos. Los colonizadores españoles fundaron su primer asentamiento continental en América en ese lugar en 1510, pero 14 años más tarde fue incendiado por las tribus indígenas.

De muchas formas, la zona sigue siendo tan agreste hoy como lo era en la época de la Conquista.

«Si la historia hubiese seguido su curso habitual, el Darién debería ser hoy en día una de las zonas más pobladas en América, pero no lo es», dice Rick Morales, un panameño propietario de Jungle Treks, una de las escasas compañías de turismo de aventura que operan en la región. «Eso es increíble, si se toma en cuenta que estamos en el siglo XXI, en un país que recibe con los brazos abiertos la tecnología y es famoso por conectar océanos, culturas y el comercio mundial». La reserva natural se extiende desde el norte hasta la costa sur de Panamá, desde el Atlántico hasta el Pacífico. Tiene entre 100 y 160 km de longitud y la única forma de rodearlo es por mar.

Después de lo sucedido con los conquistadores, a los escoceses también les fue mal. Tras fundar un asentamiento comercial costero en 1698, la mayoría de los nuevos colonizadores perecieron a causa de las enfermedades y de los ataques de los españoles. La aventura le hizo perder a Escocia tanta riqueza como para comprometer su independencia menos de una década más tarde, cuando el país optó por firmar el Tratado de la Unión con Inglaterra. Fue apenas en 1960 que el Tapón del Darién fue atravesado en auto, en un Land Rover apodado la «Cucaracha Cariñosa» y un Jeep. El cruce tomó casi cinco meses a un promedio de apenas 200 metros por hora.

El equipo incluyó a la muy destacada antropóloga Reina Aráuza y su esposo, el cartógrafo Amado Aráuz. Abriendo una ruta prácticamente a mano a través de la jungla, vadearon cientos de ríos y arroyos, improvisando puentes con troncos de palmas que no siempre sirvieron su propósito. Su investigación posteriormente ayudó a proclamar al Parque Nacional Darién como lugar de Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO.

Doce años más tarde, un reconocido explorador británico, el coronel John Blashford-Snell, lideró un equipo de 60 personas en Range Rovers a completar el recorrido por carretera desde Alaska hasta Cabo de Hornos, vía el Tapón del Darién. Esta corta sección de la ruta fue descrita por Blashford-Snell como el desafío más grande de su carrera. La temporada de lluvias llegó temprano y dejó a los vehículos atascados en el barro. «Algo tenía que ceder y fueron los ejes traseros», relata el explorador. «Explotaron como bombas con esquirlas saliendo del suelo».

Un mes después, componentes rediseñados de autos fueron lanzados en paracaídas. Más tarde, los vehículos fueron colocados en balsas inflables hechas a la medida para cruzar la intricada zona del vasto pantanal Atrato. Finalmente, lo lograron, aunque la mitad del equipo tuvo que desistir tras sufrir pie de trinchera, fiebres y otros males.

Medio siglo más tarde, el número de travesías en auto exitosas se pueden contar con los dedos de las dos manos.

Cruzando el Tapón

Quienes desean ingresar a la reserva natural se tienen que registrar por adelantado con el Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), la policía de fronteras de Panamá, que controla el acceso con múltiples puestos de control a lo largo de la carretera Panamericana. En estos puestos, los documentos son verificados una y otra vez. En cualquier punto un viajero puede recibir órdenes de devolverse.

En el pueblo fronterizo de Yaviza, la carretera llega a su fin, pero no así los asentamientos. Los ríos son las vías para continuar con pequeñas lanchas a motor y canoas que prestan un servicio caro y poco frecuente, el cual a menudo debe coincidir con las mareas del océano. El destino, para quienes intentan seguir al sur por carretera, es el pueblo de Turbo en Colombia.

Algunos misioneros han desaparecido en el interior y otros, incluyendo a los buscadores de orquídeas Tom Hart Dyke y Pauld Winder, fueron secuestrados.

De cualquier forma, para los conservacionistas adentrarse en el Tapón aún vale la pena. Darién es un lugar clave que contiene una de las mayores diversidades genéticas del planeta.

Actualidad

El problema con el tráfico de drogas ha ido aumentado a medida que se ha incrementado el patrullaje marítimo, empujando a ese comercio ilícito tierra adentro. Los traficantes surgieron de remanentes de los carteles colombianos de la droga y los grupos guerrilleros desmovilizados. Esos grupos emplean a la gente local, en su mayoría indígenas, como guardias o guías. Parte del asunto, sostiene, es que el aislamiento reduce las oportunidades de trabajo y el comercio. «Así que vienen los narcotraficantes», apunta. «Ellos le ofrecen considerables sumas de dinero a nuestros jóvenes para trabajar».

¿Por qué no han hecho una carretera?

Pero de tanto en tanto, el sueño de completar la carretera Panamericana reaparece. La última vez fue hace una década, por iniciativa del entonces presidente de Colombia, Álvaro Uribe, quien anticipó un boom en el comercio a medida que menguara el conflicto entre el gobierno y las guerrillas.

Sin embargo, Panamá conjuntamente con Estados Unidos y las poblaciones indígenas locales tienen una variedad de objeciones.

Para los ambientalistas:

Una carretera representaría una amenaza para las culturas indígenas, aceleraría la deforestación y permitiría la propagación de enfermedades, tales como la fiebre aftosa, hacia América del Norte.

Estadisticas actuales

La Organización Internacional de las Migraciones (OIM) calcula que 133.000 personas cruzaron la región del Darién durante 2021. La mayoría fueron haitianos, cubanos y venezolanos, seguidos por ciudadanos de países tan lejanos como Bangladesh, Ghana, Uzbekistán y Senegal.

Este año, la OIM ha reportado el incremento de migrantes provenientes de Venezuela, país que atraviesa una crisis económica, política y social que ha impulsado el éxodo de más de 6 millones de personas desde 2015, según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados. La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reportan que son cada vez más las personas que recorren peligrosos caminos por las junglas del Tapón del Darién en busca de seguridad y estabilidad; entre ellas se encuentra un número creciente de personas venezolanas.

Conforme se hace patente el impacto socioeconómico de la pandemia de COVID-19 en la vida de refugiados y migrantes de Venezuela en distintos países de acogida en América Latina y el Caribe, va en aumento el número de venezolanos que se dirige hacia el norte junto a grupos de personas en situación de movilidad humana.

De acuerdo con las estadísticas de las autoridades panameñas, el número de personas de Venezuela que cruzó el Tapón del Darién en los primeros dos meses de 2022 (alrededor de 2.500) casi sumó el total de 2021 (2.819 personas).

La cifra total de personas que han cruzado la jungla este año casi se ha triplicado en comparación con el mismo periodo el año pasado: de 2.928 en los primeros dos meses de 2021 a 8.456 en el mismo lapso en 2022. La cifra de este año incluye 1.367 niñas, niños y adolescentes.

El Tapón del Darién, que marca la frontera entre Colombia y Panamá, comprende 5.000 kilómetros cuadrados de junglas, ríos y montañas escarpadas, topografía que la convierte en una de las rutas más peligrosas del mundo para personas refugiadas y migrantes. Cruzar esta región puede tomar hasta diez días para las personas en mayor situación de vulnerabilidad, quienes se encuentran expuestas a amenazas naturales y también a grupos criminales que perpetran violencia, que incluye abusos sexuales o robos.

Muchas de las personas que cruzan el Tapón del Darién – por lo general, adultos jóvenes y familias – llegan a comunidades indígenas de difícil acceso con hambre y deshidratación, exhaustas y requiriendo atención médica. ACNUR y OIM reconocen los esfuerzos positivos del Gobierno de Panamá para brindar asistencia y reiteran su compromiso para apoyar a las autoridades con el fin de garantizar el acceso a ayuda y protección para todas las personas con necesidades, incluidas las comunidades de acogida.

Si bien muchas personas venezolanas que atraviesan esta peligrosa ruta solían vivir en otros países de acogida en América del Sur, un número cada vez mayor proviene directamente de Venezuela.

Personas refugiadas y migrantes de diversas nacionalidades han cruzado el Tapón del Darién durante años. En ese sentido, en 2021 se registró una cifra nunca antes vista de personas que pusieron sus vidas en riesgo atravesando la densa jungla entre Centroamérica y América del Sur. Alrededor de 133.000 personas hicieron la travesía el año pasado; la mayoría provenía de Haití (con inclusión de su descendencia nacida en Chile y Brasil), país de origen seguido de Cuba, Venezuela y otros tan alejados como Angola, Bangladesh, Ghana, Uzbekistán y Senegal. Tan solo en 2021, se reportó la muerte o la desaparición de 51 personas.

¿Por qué es tan peligroso cruzarla?

Esta ruta fronteriza representa un peligro para los migrantes, porque podría ser un camino de vida o muerte, pues no todos logran salir con vida de allí. Estos son algunos de los riesgos que corren las personas que deciden transitar la selva del Darién:

Atravesar esta selva puede tardar desde 5, 10, 15 días o más, esto dependerá de la persona, resaltando que el trayecto está cubierto de montañas, precipicios, caídas continuas, súbitas crecidas de ríos y también deben cuidarse de los animales salvajes.

Durante el trayecto, los migrantes pueden llegar a cruzar al menos cuatro ríos en medio de la selva. Según testimonios de sobrevivientes, estos ríos tienen corrientes muy fuertes y a veces necesitan ayuda para lograrlo.


A la travesía se le suma la presencia de grupos criminales que asaltan para robar pertenencias e incluso la comida que llevan las personas para el camino. También hay grupos guerrilleros y paramilitares que se lucran del narcotráfico y el contrabando.

La ONG Médicos Sin Fronteras ha señalado que 88 mujeres han denunciado agresión sexual por parte de los grupos de asaltantes y, con frecuencia, haber sido víctimas de violación.


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