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¿Qué es el Síndrome de Munchausen por poder?



El síndrome de Munchausen es un trastorno psiquiátrico poco común en el que la persona simula o se provoca síntomas de enfermedad con el objetivo de recibir atención médica y cuidados, pero, ¿puede llegar incluso a causarle daño a otros para recibir esa atención? En este episodio les contamos acerca del Síndrome de Munchausen por poder, cuando el horror viene directamente de quien debiera protegerte. El síndrome de Munchausen es considerado un trastorno facticio, lo que significa que la persona inventa o exagera síntomas de una enfermedad para obtener atención médica. Este trastorno a menudo se presenta en personas que han tenido experiencias traumáticas en el pasado, tales como abuso físico, sexual o emocional.

El síndrome de Munchausen a menudo comienza en la edad adulta y afecta más a hombres que a mujeres. Los síntomas pueden variar ampliamente e incluyen dolor abdominal, fiebre, náuseas y vómitos, diarrea, sangrado y otros síntomas que pueden ser difíciles de diagnosticar. El diagnóstico del síndrome de Munchausen puede ser complicado, ya que la persona a menudo miente acerca de sus síntomas y puede incluso alterar los resultados de las pruebas médicas. Sin embargo, los médicos pueden sospechar deeste síndrome cuando los síntomas de la persona no coinciden con los resultados de las pruebas médicas o cuando los síntomas parecen ser autoinducidos.

El tratamiento para el síndrome de Munchausen a menudo es difícil, ya que la persona puede negarse a aceptar la ayuda y puede incluso continuar simular síntomas. La terapia cognitivo-conductual y la terapia de grupo pueden ser útiles para abordar las causas subyacentes del trastorno y ayudar a la persona a desarrollar habilidades para manejar su necesidad de atención médica. Es importante destacar que el síndrome de Munchausen es un trastorno poco común y no debe ser confundido con la hipocondría, en la que la persona tiene miedo excesivo y persistente de tener una enfermedad grave, pero no simula o induce síntomas.

Un poco de historia

¿Quién era Münchhausen? El barón de Münchhausen existió, fue un militar prusiano del siglo XVIII que prestó servicios como mercenario en Rusia y Turquía. Ya retirado en su castillo de Bodenwerder, solía convidar a sus amigos para reuniones donde les contaba sus increíbles aventuras. En 1785, Rudolf Raspe, un bibliotecario alemán publicó en Londres su versión de esos fantasiosos relatos, con gran éxito. La traducción al alemán, con numerosos añadidos, mantiene su fama como paradigma de los cuentos de mentirosos. El nombre del síndrome de Munchausen se utilizó por primera vez en 1951 por el psiquiatra británico Richard Asher, quien describió a un paciente que simulaba síntomas de enfermedad para obtener atención médica. Asher comparó a este paciente con el Barón de Münchhausen, dado que ambos parecían disfrutar contando historias exageradas y fantásticas.

Se denomina síndrome de Münchhausen, por la similitud con los relatos del mentiroso barón, al trastorno consistente en el relato detallado de extrañas enfermedades, que obligan a consultas reiteradas sin comprobación de las mismas. Si este mentiroso patológico consulta en servicios mal comunicados entre sí llega a reunir un abultado historial en torno a enfermedades totalmente inventadas o signos fabricados; este trámite lo obliga a someterse a múltiples y costosos análisis, y hasta a intervenciones, con reiterado riesgo de su vida. Se cree que el trastorno subyacente sea el deseo de ser cuidado y atendido. Análogamente, cuando un adulto que llena el rol parental inventa estrafalarias enfermedades de los niños a su cargo, se habla de síndrome de Münchhausen por poder. Esta situación pone en serio riesgo la integridad física y psíquica del niño. La causa sería, en algunos casos, el verse liberado del rol de cuidador haciendo hospitalizar al niño. En 1982, un médico inglés, Roy Meadow, profesor de Pediatría en Leeds, describió el síndrome de Münchhausen por poder, en 19 niños cuyas madres inventaron historias clínicas y simularon signos, de modo de provocar investigaciones médicas innecesarias, internaciones hospitalarias y tratamientos cuya duración varió entre pocos meses y 4 años. Lo interpretó como una forma de maltrato y no como un trastorno del perpetrador. Requiere un enfoque distinto a otras formas de maltrato. Las simulaciones más frecuentes fueron sangrados, anomalías neurológicas, erupciones, fiebre y orina anormal. Es de destacar que dos niños murieron. De los 17 sobrevivientes, 8 fueron apartados de la familia y 9 permanecieron en su medio, pero bajo supervisión.

Desde 1982 hasta la actualidad ha continuado la publicación de casos en todo el mundo y se ha configurado un concepto más o menos claro de este trastorno. Así, la clasificación estadounidense de enfermedades mentales lo define como la producción o simulación intencionada de signos o síntomas físicos o psicológicos en otra persona que se halla bajo el cuidado del adulto agresor; propone como motivación el deseo de asumir el papel de paciente a través de otra persona, puesto que no existen incentivos externos (compensación económica, por ejemplo) que justifiquen ese comportamiento.

El Síndrome de Munchausen por poder

El Síndrome de Munchausen por poder, también conocido como Síndrome de Fabricación o Inducción Ficticia, es una forma de abuso infantil en la que un cuidador, generalmente la madre, simula o provoca síntomas de enfermedad en un niño con el objetivo de obtener atención médica y cuidados.

El cuidador puede inventar síntomas o provocarlos mediante la administración de medicamentos o sustancias tóxicas al niño. En algunos casos, el cuidador puede incluso someter al niño a procedimientos médicos innecesarios o peligrosos, como cirugías o tratamientos de quimioterapia. En la clasificación europea de enfermedades mentales, figura una enumeración de datos sugestivos que configurarían “el cuadro clínico” de este síndrome:

  • Los síntomas y el patrón de la enfermedad son muy raros y fisiológicamente inexplicables.

  • Las hospitalizaciones y las investigaciones reiteradas no logran llegar a un diagnóstico.

  • Los datos objetivos son compatibles con enfermedad inducida. Por ejemplo, en el caso de un niño con reiteradas apneas, el trazado del monitor de apneas revela un artefacto muscular masivo justo antes del paro respiratorio, lo que indica que el niño ha estado luchando contra una obstrucción de la vía aérea (5).En casos filmados por videocámara, se ha visto cómo el adulto acompañante comprime el cuello del niño.

  • El paciente no responde a tratamientos apropiados.

  • La vitalidad del paciente es incompatible con los datos del laboratorio. Las observaciones médicas generan información incompatible con los informes de los padres.

  • Los signos y los síntomas desaparecen cuando la madre no ha tenido acceso al niño.

  • La madre es la única testigo del comienzo de los signos y los síntomas.

  • La madre o sus otros hijos han presentado enfermedades sin causa conocida.

  • La madre tiene estudios médicos o de enfermería o ha estado expuesta a modelos de la enfermedad que “afecta” al niño (por ejemplo: el padre tiene apnea del sueño).

  • La madre acepta de buen grado exámenes complementarios, por invasivos y dolorosos que sean.

  • La madre se pone ansiosa si el niño mejora.

  • Se comprueban las mentiras maternas.

Si bien las primeras series tienen siempre a la madre como agente agresor, también es posible que el padre lo sea. En 1998, Meadow describió 15 casos graves por agresión del padre, con ciertas características comunes: conducta histriónica del padre, muertes inexplicadas en la fratría, peligro de muerte siempre presente (de hecho, se produjeron 11 fallecimientos). Cinco de los padres eran portadores del síndrome de Münchhausen y su conducta puede interpretarse como un “legado” de la enfermedad. La mayoría de los niños afectados son lactantes y preescolares. La gama de engaños es muy variada: antecedentes médicos falsos, contaminación de muestras de laboratorio (con materia fecal, con sangre menstrual), alteración de registros clínicos, asfixia provocada, provocación de lesiones de piel o intoxicaciones. Un capítulo aparte lo constituye el falso alegato de abuso sexual o de maltrato fuera del contexto del divorcio y la disputa de la tenencia; en estos casos, el menor es instruido para relatar una historia inventada por la madre.

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